sábado, 26 de enero de 2008

Última Utopía

1. PREFACIO

Te pedí un jardín
Y plantaste un cementerio
No tienen pies para moverse
Raíces envenenadas al agujero de mi pecho

Los cadáveres reflejan en sus ojos
La vanidad de los lagos de la muerte

Regresan
Entre tripas de un perro atropellado
Hasta las ropas de un vagabundo de cemento
Por el llanto de un niño junto al grifo
Al hambre de los pájaros
Que caen al universo

Cuando el viento tiembla
Temo que se acabe todo
Nacer anciano y morir niño
Pudriéndose en sentido inverso

Si apagas los sueños, se enciende la noche
Tambores de muerte entre antorchas negras
Asoma la antinatural oscuridad entre las sombras
De pezuñas, hocicos de cerdo, sátiros y cuernos.

2. Lo Uno.

Sobre estas ruinas salgo a buscarte,
entre las hojas donde te encontré,
te esconderás cuando el sol se retire.

El timón de tu barco se quebrará,
la corriente te remolcará
hasta las cataratas vertiginosas
de tu conciencia.

No podré rescatarte.

Nos habremos perdido
(Sólo cuando se está realmente solo
sin esperanza,
se está desahuciadamente perdido.
y... ¿qué es la plenitud, sino alejarse para siempre?).

Y cuando huyamos del recuerdo del otro, nuestras alas volverán a enredarse.

Evocaré el sereno desierto de tu mirada; tú, el precipicio de mis ojos, los de quien se ha perdido de sí mismo, desertando del destino a través de un complejo sistema de agujeros ciegos.

El anochecer inhóspito, habrá cubierto nuestros edificios con tormentas de arena, los rapaces disputarán por un pedazo de nuestros idealismos y en sus fauces malgastaremos las ilusiones de nimbos y agruras de bombillas eléctricas.

Y sin embargo, ningún ser será capaz de alejarnos del tornado fraterno, de nuestras aventuras luminosas, de las tumbas de nuestros muertos.

Nuevamente llegará ese día, sin abandonar nuestra autopista, ni ambiciones, ni expectativa. Y el viento de la ilusión riendo en el brillo de tus estrellas eclipsadas por la gravidez del satélite nacáreo.

Los muelles no se detienen, los aeropuertos; las cosas son para cimentarles encima grandes utopías.
Pueblos enteros se desplazan en el tiempo, las cuadras arrastran sus casas, habitaciones, mesas, textos y letras van siendo reemplazados por el mecánico dedo que zambulle estas hormigas en la profundidad de la corteza meníngea de cada MACIZO.
Pasado mañana, pensaremos que anteayer, nunca debió haber existido; hallando, ahora, en su lugar, una habitación con una resaca insectívora, vana y gris de tanto planificar.

Y cuando al final de la callejuela, crees que no tienes a quien extender tu mano náufraga, mas que a ti mismo: te fallas... te vas (con el primero que te ofrezca un placebo alto en paraíso y bajo en calorías) enfrente de ti mismo, y desde un extremo te contemplas desamparado, mientras en el otro, te burlas con una sonrisa y te escupes en la cara.

Piensas en lo lejos que has llegado de ti mismo, anhelando cruzarte con el que debiste haber sido, en el camino de regreso. Levantas la mirada y al hacerlo, el otro tú (que viene en sentido opuesto a encontrarte, y salió de ti cuando eras muy niño) completa la escena del duelo.

3. Lo Otro.

No quiero que vengas
Por que voy a tentarme
De huir a tus profundidades
Entre sogas y navajas
alejarme de ti
Sin que me arranques la piel
De lo que me queda de alma
No quiero que vengas
Para oírte negar la cadena que nos une
A lo largo de los tiempos
Porque voy a arrancarte de todo
Para encerrarte adentro mío
Para que apagues mis fantasmas
Y cuidarte de la tormenta
No quiero irme contigo
Sigo mi camino
Sigue tu camino
Y que mi suerte te proteja
Toma la luz de mis ojos
Y guárdalo otros tres mil años
Y la fibra de mi sangre
Para reconocernos cuando nos reencontremos
Esta no es la despedida
Porque te llevas mi aire
El tronar de mis campanas
Y ya no hay nadie que nos salve.

Si no muero, morirá la muerte
Robando mí estrella en su tumba
Inerte Oscura
Incendiando el imperio de los caídos
Donde se ha visto a la madrugada huir
Gritando despavorida
Un soplo de infierno
Derrite las costras de las emociones
Aún, la vida se desangra
El hierro comienza su cuenta regresiva
No hay mas cosecha
Que una espina para hundir
Todo marchito Todo destruido
Y mientras te elevas como un ángel de luz
Corro detrás de la noche perenne
Donde la carne se vuelve polvo
Y la libertad desgarra la vista.

No trates de salvar mi corazón eclipsado
Que en este desierto subterráneo
Es mas propicio perderme
Que intentar torpemente cobijarte.
Y Si no eres tú a quien tanto he esperado...
...Deja que el infinito siga cayendo

Entre nosotros.


4. Lo Remanente.

Tormentas de ratas cubren la memoria, alcantarillas reventando de palomas, en explosiones lisérgicas.
Adentro, La Hospitalidad de las casas ha inventado la muerte, blanca, con camillas, cirujanos rascándose los bolsillos y pálidas enfermeras con grandes jeringas de éter.
Desde muy lejos, todo hace suponer que la nariz del universo se retuerce adormecida por mares de fluoxetina, molida y mezclada con auténtica nieve estelar, lo que deja un sabor más falso, en las papilas cognitivas.

El cinturón global se fue transformando en ataduras sadomasoquistas cuyo doble filo, son la vida a toda velocidad y el vacío del sentido. Una especie de océano-ojo, donde creen confluir todos los ojos cuando huyen a desangrarse en el rincón más lejano de la noche-continua, que no se encuentra en los calendarios.
Ahí la moribunda madre del universo sostiene el cadáver de su hijo sobre las ruinas de su regazo. Ambos se desmigajan en risitas durmiéndose en su baile imaginario.
Nosotros, viajamos por ondas de la señal de radio, que sintoniza, hasta su aparato: Cargamos una añeja melodía, emitida desde una trasmisora cerrada, hace algunos millones de años luz.


5. Prologo.

A Conquistar el futuro,
Montados sobre un rayo velado
De un sueños sin quilla
Con manos grandes y honestas
Con himnos de lunas y universo
Bosques de animales enlaguecidos por montañas
Zumbando por la historia
Muerta ayer
El ayer se pierde
Entre las páginas del libro que arde
Hoy es mañana
Y mañana el resto que nos queda del tiempo
Las máquinas detienen su charla
Laten como el corazón artificial del mundo
Nos volvemos sílice
Estrellas que orbitan por el torrente cibernético

¡A usurpar las calles!
Tronando firmamentos expansivos
Mordiendo los fósiles de la quimera de ocupación
¡A punta de RESPETO Y RÁFAGAS DE DESOBEDIENCIA!

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